Catarsis: Crónica Poética sobre el Paro Nacional

Por Camila Cetina León

Uno, la resistencia de Colombia; dos, los cacerolas; tres, violencia que se apellida ESMAD; cuatro, terror herido con su propia pantomima; cinco, circo politiquero miedoso; seis, tres días sin IVA, «ala carachas»; siete, ¡que viva el Paro Nacional!; ocho, ocho días, ocho para volarle el «bocho» a Duque y su bancada.

El trasegar de un país que se consume en el cemento de las promesas vacías de nuestros, ¿nuestros?, políticos de turno han cercenado mi soporte telúrico. No me importa sentir el peso de las denuncias de los ciudadanos que recorren la ciudad desde y sobre mí, pero estoy cansado de mantener las estructuras de un mandato inviable; de absorber sus burlas sistemáticas contra los derechos humanos; de guardar el recuerdo, el tuétano de la sangre de muchos como Dylan que reposaron en mi piel agrietada.

Soy hijo del Paro Nacional, él me enuncia, me recrea, me reconstruye, me da vida más allá del que a diario algunos me suelen equiparar: ya no soy la simple baldosa del suelo que los resiste a diario, sino el guía que alerta el caminar el caminar de la Paz, de una Paz que no podemos saber quién es o qué es. La buscamos, la personalizamos, pero no la concretamos; sigue etérea, borrosa. Tampoco sabemos de ella, solo sentimos su peso en el tiempo, en el incendio repentino de las ventanas intranquilas del cautiverio. Ya no vale la parafernalia, no queremos dejar una solución porque nos cuesta, le cuesta entender la ceguera de la emancipación. No reciclamos las horas de sentirnos víctimas y victimarias a la vez. Pedimos tanto sin un modo y una forma, que se nos desliza el concepto por el cono de la galleta. Es más que un tratado, una firma, un discurso bañado en saliva política: es la búsqueda de una identidad. 

Y mujer u hombre, Paz y la olla hirviendo en nuestros corazones angustiosos, durante estos ocho días de paro, seguimos cociendo fragmentos de ella, la humanizamos; nos deslizamos con verborrea inteligente entre la incapacidad del gobierno; nos sumergimos en la ciudad para evitar el símil del devaneo de los recuerdos fácilmente alterables y corrosibles.

Paz, ¡que siga este Paro Nacional! Se que tú y yo nos resistimos, como los ciudadanos que nos aman de valentía, a convertirnos en nadie y callar.

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