Dios no está bravo. Pero si preocupado.

Si Dios quisiera con solo tronar sus dedos, esta pandemia y todas las “otras pandemias” que están matando a millones de personas en el mundo desaparecerían. Si quisiera con ordenarle a la tierra se salga de su curso y se dirija al sol…todo acabaría. Por tal razón creo que Dios no está bravo con nosotros, pero si preocupados de cómo le damos paso a la muerte. He escuchado predicar por las redes sociales a muchos profetas del mal agüero sobre el castigo de Dios sobre la tierra y no hay nada más alejado de la verdad que estas explicaciones que ahora la “iglesia” que nunca se preocupó ni se preparó para esta situación, empieza a pregonar por todos los rincones de la web.

Así como el mundo no se preocupó por lo que está pasando sobre la tierra, de igual manera hizo la iglesia. Quienes vendieron la salud y la prosperidad de Dios por algunas monedas y cheques en el Alfolí, hoy ven las sillas forradas en paño fino de sus megaconstrucciones vacías y lo más triste es que, ni siquiera consiguen una botella de gel para dejarle a los vigilantes del templo. Entonces ahora pregonan miedo para que la gente no se vaya de su congregación y lleguen los vecinos que nunca pudieron alcanzar con sus “brochueres” de fina impresión.

Ahora que necesitamos salir a orar por las calles, algunos alcaldes no dan credenciales, aunque esos permisos están contemplados en el numeral 29 del Decreto Presidencial No. 457, se hacen como que no lo han leído y prohíben la libre circulación de todos los pastores de Colombia, en las mismas condiciones de los demás organismos de socorro.
La iglesia que discriminó hoy también está en la misma bolsa de los discriminados y ni siquiera en caso de desarrollo muy grave de esta pandemia, tenemos asegurado un lugar especial en los hospitales y clínicas para ser atendidos si resultamos contagiados. Quienes predicaron que ninguna plaga nos tocaría por ser los ungidos del Señor, hoy no saben como explicar que sus miembros están siendo parte de una estadística que resume la historia del mundo en tres palabras: Negativo – Recuperado – Fallecido.

Un virus calificado de “gripita” hizo que expirarán las garantías de las que gozábamos y nos ufanábamos al ver el saldo diario de nuestras cuentas. Hoy oramos para que la internet no falle. Si colapsa la internet y los medios de comunicación el aislamiento social será extremadamente difícil de soportar y entonces no se podrá predicar y el megaculto se convertirá en un devocional. Lo que antes era impensable hoy es una urgencia. Queremos reunir bajo techo de nuestra casa a nuestros hijos para tener cuidado de todos ellos. Que estén a un tiro de piedra nuestro. Para cuidarlos.

Hoy los pastores extrañamos a todos. El celador del templo es una cara que quisiéramos poder ver. Solo podemos hablar con el por whatsapp y respirar tranquilos cuando nos dicen que las cosas del templo están completas, que aún no se han metido a saquearlos… que por el momento los que se preocupan son solo los de los supermercados. Después de tanto insistirles a los niños, los colegios por fin están en silencio, no hay niños gritando, pero los pupitres vacíos no pagan pensión y eso pone en peligro el contrato a diez meses del que tanto renegamos y nos quejamos. Hoy es un milagro no perder el empleo.

¿Y ante todo ese panorama que dice Dios?
Pues Dios no ha dicho nada.

Está esperando a ver que decimos nosotros. Esperando a ver que hacemos. A mirar cómo los que crecieron económicamente de forma impresionante empiezan a vaciar sus cuentas institucionales y personales y comienzan a llevar mercados a las familias de su iglesia que en su momento echaron las últimas monedas en la canasta. Esperando que la Iglesia se enfoque en los que es su única misión. Llevar el evangelio puro de la salvación. Ver la iglesia vender los yates, las limosinas y convertir el lujo en alimento… ¡también hay cristianos evangélicos esperando un mercado!

Esta pandemia va a pasar. Esto va a pasar.
Y muy seguramente después de esta pandemia el mundo seguirá defendiendo la permanencia de las otras pandemias. Se volverán a reunir los magistrados a debatir si se legaliza o no que “la pandemia del aborto” proceda con su exterminio de casi un millón de seres inocentes en Colombia por año. Se ufanarán del poder y el estatus político que da la corrupción y volverán a pregonar a los cuatro vientos el derecho a consumir drogas, a la promiscuidad sexual, al libertinaje, a las aberraciones sexuales…

El mundo volverá en unos meses a olvidarse de Dios. ¡Siempre sucede!

Pero la iglesia después de esta sacudida no puede seguir siendo la misma. Cuando los templos vuelvan a estar llenos, cuando los hermanos se puedan volver a abrazar, a saludarse fraternalmente de manos y a estar a menos de medio metro de distancia sin miedo a lo que tenga el otro, la iglesia no puede olvidar que vendrán guerras, o amenazas de guerra, pandemias peores donde la gente morirá sin despertar del sueño, hambres y asolaciones de la tierra, en donde el mundo esperará respuestas más grandes de lo que hoy somos.

Entonces los grandes y multimillonarios recursos que entran al templo no serán para tener escenarios más grandes y lujosos. También nos acordaremos verdaderamente del pobre. Tendremos refugios, sitios donde se sirva una sopa caliente, lugares donde la gente pueda acudir a morir en paz y no arrojados a las calles cuando los hospitales no los reciban.
La iglesia dará una respuesta diferente a la que está experimentando hoy. Cuando se nos permita abrir de nuevo el templo y gritar gloria a Dios.

Las opiniones de cada una de las publicaciones de sinmordaza.com.co son responsabilidad de cada uno de los autores y en ningún momento representan la posición oficial de la revista. Aquí son bienvenidas todas las ideas, todas las opiniones, todos los matices, todos los conceptos, publica tu artículo aquí.

Comparte este artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *