La persecución como disculpa en el protestantismo colombiano

Por Esteban Arias

La razón principal que envuelve la escritura del presente artículo es la reciente publicación de la obra: “¿A quién engañas abuelo?: Una lectura del vínculo entre protestantismo y poder político en Colombia”, y el interés del medio virtual en que aparecerá publicado próximamente.  El libro en referencia surge de la hipótesis no probada suficientemente, en el sentido de que tanto católicos como protestantes, en Colombia, fueron considerados no solo actores religiosos, sino también y fundamentalmente, como actores políticos en la historia de Colombia[1]. Esta hipótesis se concreta en la siguiente pregunta de investigación: “¿Existe una relación directa entre protestantismo y poder político, que permite considerar que la llamada persecución contra los protestantes fue y sigue siendo inminentemente política?”.

La primera respuesta a esta pregunta discute si la motivación de la empresa misionera norteamericana al enviar misioneros a nuestro territorio, durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del Siglo XX,  obedeció solamente a un interés espiritual o si también existió un propósito político que justificó el colonialismo. Justo González niega la posibilidad de un interés colonialista en los siguientes términos:

En el siglo XIX se expandieron las potencias colonialistas protestantes, y ese siglo también fue el del gran avance de las misiones protestantes. La relación entre misiones y colonialismo es bastante compleja y no se puede identificar simplemente a los misioneros como agentes del colonialismo, pues en algunos casos se opusieron a él y en muchísimos casos criticaron sus prácticas. No se puede afirmar tampoco que la gran expansión misionera entró por las puertas que el colonialismo le abrió, pues aunque esto sería verdad en muchos casos, también es verdad que en un buen número de lugares, los misioneros llegaron antes que los comerciantes y colonizadores, y en gran parte de los casos las autoridades coloniales se opusieron a la obra de los misioneros (González 1987, p. 135).

Es interesante cómo la anterior cita que intenta negar la posibilidad de un vínculo entre la empresa misionera y el colonialismo, deja entrever sin proponérselo, que este vínculo de hecho existió. En primer lugar el autor afirma que “en el siglo XIX se expandieron las potencias colonialistas protestantes”; después reconoce que “la relación entre misioneros y colonialismo es bastante compleja” y por último señala que es verdad que en muchos casos “la gran expansión misionera entró por las puertas que el colonialismo le abrió”. Además de lo anterior, el autor no presenta pruebas de casos concretos en que “las autoridades coloniales se opusieron a la obra de los misioneros”.

Por el contario, según Stoll (1985, p. 26) el gobierno norteamericano subsidia la ayuda de las misiones a través de su agencia Internacional para el desarrollo (AID) y se puede demostrar también que la CIA se vale, en su momento, de las misiones protestantes para sus propósitos políticos. Solo después de protestas de diversas iglesias, la CIA manifestó en 1976 que no continuaría reclutando colaboradores entre los misioneros.

De acuerdo con las anteriores constataciones es posible demostrar que la persecución contra los protestantes a partir de su llegada al país, obedeció a que fueron vistos como una amenaza no solamente contra la fe católica sino contra las estructuras políticas conservadoras que hasta entonces habían prevalecido por sobre los liberales hasta la llegada de los misioneros. La pregunta que surge es ¿por qué los protestantes  fueron vistos como una amenaza?

En primer lugar,  los protestantes fueron vistos como una amenaza porque los misioneros a la hora de transmitir el evangelio de Jesucristo pretendieron, desde el principio, convertir en protestantes a los católicos a quienes consideraban in-conversos, es decir, no convertidos al cristianismo. Además de esto, la predicación del evangelio no se concebía como una contribución a la convivencia sino que desde el principio estimuló la polarización religiosa y política al utilizar un discurso que descalificaba los principios de la fe católica, que por estar profundamente ligada al partido conservador, pronto comenzó a ver el protestantismo como una amenaza contra la estabilidad política del país.

En segundo lugar, se puede inferir a manera de hipótesis que los protestantes fueron vistos como una amenaza porque al interior del catolicismo conservador existían investigadores que habían constatado los presuntos propósitos colonialistas de los Estados Unidos a través del Protestantismo. Estos investigadores representaban intereses de un sector mayoritario de la sociedad colombiana que preferían el dominio español y esto es perfectamente constatable porque es posible demostrar que la Iglesia Católica fue aliada de España hasta el final, y estuvo siempre en contra de la causa libertaria de tal manera que el país entero se vio enfrentado a una lucha encarnizada entre dos fuerzas sociales: una que miraba al futuro y se esforzaba por construir una nación próspera y libre y otra que miraba al pasado y se resistía, ferozmente, a todo cuanto significara un cambio del orden tradicional retardatario.

En tercer lugar, los protestantes fueron vistos como una amenaza por sus vínculos naturales con el partido liberal y a causa de las acciones concretas de políticos liberales de la época como la de José Hilario López  y Tomás Cipriano de Mosquera que intentaron establecer una alternativa frente a los poderes de extrema derecha de la época. Según Ordoñez (sf. P. 26), esto fue lo que comenzó a ocurrir durante el gobierno de Hilario López cuando se iniciaron una serie de reformas tendientes a dar un amplio desarrollo a las libertades y por el cual fue fuertemente combatido; se aprobó un nuevo estatuto nacional y se adelantó una campaña de separación  de la Iglesia y el Estado, la libertad de cultos, la abolición del Patronato eclesiástico y otras medidas igualmente radicales; los Jesuitas fueron expulsados del país por haberse convertido en un serio peligro para la estabilidad y el orden social; se inició una acalorada disputa entre el gobierno civil y la jerarquía romana que acabó con la expulsión del famoso Manuel José Mosquera. Estas medidas de José Hilario López se hicieron más contundentes con Tomás Ciprino de Mosquera, quien pretendió establecer una relación más estrecha con los misioneros protestantes, otorgándoles espacios e infraestructura consistente en templos de los que había expropiado a los Jesuitas.

Es evidente, entonces que Tomás Cipriano de Mosquera, al propiciar la expulsión de los Jesuitas tenía en mente despejar el camino para que los protestantes tomaran el lugar de la Iglesia Católica por considerar que una confesión como la protestante era más acorde con los principios y doctrinas de los liberales que la propia iglesia católica que los había perseguido en alianza con el partido conservador. Esta acción de Mosquera parece estar acorde con los propósitos colonialistas norteamericanos a los cuáles servía los misioneros de manera consiente o in-consiente.

Más allá de valorar los propósitos altruistas iniciales tanto del protestantismo como del liberalismo y su alianza tácita hacia la transformación de las estructuras religioso-políticas de la sociedad colombiana, es necesario dirigir la mirada a los métodos utilizados para tal propósito, los cuales, en lugar de superar, fortaleció en la sociedad colombiana un flagelo conflictivo imposible de extirpar hasta nuestros días. Es claro que estos métodos hacia una pretendida transformación de la sociedad colombiana no han sido capaz de superar las  lógicas conflictivas y destructivas de la colonia española, en nuestras tierras, que se impusieron mediante el saqueo, el establecimiento de una religión extraña a los indígenas, la manipulación de las conciencias, el exterminio casi generalizado de la cultura aborigen por considerarse pecaminosa, y la implantación del miedo.

Estas lógicas conflictivas tanto de la conquista española como de las potencias coloniales protestantes, han sido trasladadas a la sociedad  colombiana mediante persecución, exclusión, aniquilamiento sistemático de quien piensa diferente y la construcción del concepto de enemigo interno como lógica de guerra militar. De igual manera, estas mismas lógicas de enemigo interno han incursionado al interior del protestantismo presbiteriano y han dado como resultado  persecución interna, exclusión y aniquilamiento de comunidades y liderazgo cualificado, lo cual muestra incapacidad generalizada para aplicar los principios de la Reforma Protestante en sí mismos incluyentes y liberadores.

[1] Véase Rodríguez, S. (2012). Dualidad del rol protestante: víctima-victimario, por vía de la reconstrucción socio-histórica del periodo de la violencia en Colombia. En: Memoria, perspectivas y retos del diálogo inter-religioso (111-134). Bogotá: Universidad San Buenaventura (no editado).

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