¿Por qué no se puede discutir con un teórico de la conspiración?

A todos aquellos que tienen una formación científica les habrá pasado. Están tranquilamente en una cena familiar o en una reunión de amigos y alguien dice de repente «Para mí el hombre nunca llegó a la Luna» o «existe una élite que gobierna el mundo». Ustedes entonces intentarán entender que sus afirmaciones no tienen sentido y poco a poco se irán dando cuenta de que nunca aceptarán estar equivocados y de que es imposible discutir con ellos.

Y es que lo que ellos exigen es un tipo de prueba definitiva, que no puede haber. No se puede tratar de refutar una teoría de la conspiración con argumentos racionales ya que la premisa no se basa en ellos sino en una necesidad emocional muy intensa de ver el mundo de esta manera.

El Dr. Harry Dyer explica que si le muestras a un teórico de la conspiración que la ciencia puede probar que están equivocados, a menudo lo ignorarán, atacando a la institución de la que proviene como parte de la conspiración. «No confían en las instituciones, y por lo tanto, cualquier idea que surja de esas instituciones no es válida», dice. «Nunca he tenido ningún éxito en discutir con personas que creen en teorías de conspiración».

Un terraplanista normal acusará a los que están en su contra de aferrarse a la «teoría» de que la Tierra es redonda porque nunca han cuestionado la forma de la Tierra y ellos sí.

Para los terraplanistas aquellos que no comparten su ideas, es porque están cegados por suposiciones instintivas o adoctrinamientos impuestos por una élite que nos gobierna. Mientras que ellos se ven a sí mismos como de mente abierta, con un enfoque «científico» y acusan a aquel que discrepa de practicar la pseudo-ciencia. Este discurso lo repetirán todos, incesantemente y por doquier como si de un manifiesto se tratara. De ahí soltarán afirmaciones que solo se le podrían ocurrir a un niño de 5 años pero que a ellos alguien les contó en un video de Youtube y les mostró como pruebas irrefutables. «El agua no se curva», «no existe la gravedad», «la Luna es transparente». Si alguien les intenta hacer ver que están errados, que han sido engañados por charlatanes, se abre paso la negación total. «Los videos dicen la verdad», «yo creo lo que ven mis ojos», «ustedes están con la élite».

Ante tal sectaria obstinación, no hay forma de luchar. Intentar discutir con un teórico de la conspiración, cualquier teórico de la conspiración (del 11 de septiembre, un negador del Holocausto, un terraplanista, terrahuequista o lo que sea) es, como tratar de jugar al ajedrez con una paloma; derriba las piezas del tablero y vuela de regreso a su bandada para reclamar la victoria.

Los teóricos de la conspiración en general son el tipo de personas que se deberían poner en un póster para ejemplificar el sesgo de confirmación (tendencia de una persona a favorecer la información que confirma sus suposiciones, ideas preconcebidas o hipótesis, independientemente de que éstas sean verdaderas o no). No solo se aferrarán a cualquier fragmento de evidencia, no importa cuán endeble sea, para apoyar sus creencias, sino que a menudo llegarán a afirmar que la falta de evidencia creíble para apoyar su creencia es, en sí misma, la PRUEBA de la conspiración ya que obviamente solo un encubrimiento masivo podría ocultar tan completamente toda la evidencia. Y cualquier evidencia que contradiga sus creencias no solo se ignora, sino que se ridiculiza como mentiras de quienes dirigen la conspiración.

¿Qué queda entonces? Pues concentrarse en educar a los más jóvenes para que desarrollen un pensamiento crítico adecuado, que les permita no dejarse engañar tan fácilmente por los charlatanes de internet. Una cultura científica también puede ayudar mucho. Con los más viejos, lamentablemente, no hay mucho que se pueda hacer. Si te encuentras con un teórico de la conspiración lo único que puedes hacer es escuchar o inventar una excusa para retirarte si no quieres ganarte una súper dosis de estrés innecesario. Es lo más saludable.

Fuente: Robotitus.com

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